Mi hija Carla nació en 2014 con una enfermedad rara que le provoca una discapacidad severa en todos sus ámbitos.
Con algo más de tres años nos pusimos en contacto con el equipo de ENMOvimienTO.
Tras una primera valoración de la niña y sus dificultades, entró en nuestra vida Irene, su terapeuta.
A pesar de la complejidad del estado de Carla (epilepsia, trastornos del movimiento, retraso psicomotor, no sostén cefálico ni de tronco, incapacidad de comunicación…) todo el equipo de ENMOvimienTO siempre ha estado dispuesto a ayudar a Carla y a intentar mejorar su estado y su calidad de vida.
El interés demostrado tanto por la niña como por toda la familia traspasa los límites profesionales llegando a lo personal.
Agradecemos muchísimo el cariño y la profesionalidad con el que Irene trata a Carla en sus sesiones, así como su sonrisa y la forma en que implica a toda la familia en la terapia. Realiza un gran trabajo.
– Eva –
La escuela es un área de mucha importancia en la vida diaria de los niños y las niñas. Dentro de este área se dan diversas situaciones (el tiempo del aula, del patio, el comedor, las actividades extraescolares, los deberes en casa…). Cada uno de estos contextos presenta diferentes retos y requieren de respuestas específicas y adaptadas a cada una de ellos.
Problemas en la lecto-escritura: aprender a leer y escribir es un complejo aprendizaje que requiere del buen registro, discriminación y modulación de los sistemas sensoriales visual, propioceptivo, táctil, vestibular y auditivo. Cuando no hay un buen procesamiento de estas informaciones sensoriales, puede reflejarse en problemas con la copia de figuras/letras, desorganización y cansancio en la escritura, letra ilegible (demasiado grande/pequeña, amontonada…).
La motricidad fina es una habilidad muy presente en las actividades de la vida diaria, como puede ser en el vestido (atarse los cordones, abrochar/desabrochar cremalleras y botones…), escuela (escritura, recortar, pasar páginas…), en definitiva aquellas tareas en las que tengamos que manejar y manipular con precisión objetos y herramientas con las manos. La lengua también realiza movimientos finos y precisos para articular los diferentes sonidos en el habla y en la alimentación.
Para el desarrollo de una buena motricidad fina es necesario el desarrollo de unas funciones sensoriomotoras previas. Necesitamos una buena percepción y discriminación táctil (textura, tamaño, forma..), que nos de un feedback para saber cómo mover los dedos en el manejo de estos objetos; un buen cálculo del peso y maleabilidad del objeto para saber cuanta fuerza exactamente debemos emplear en la tarea…
Además, las actividades manipulativas no dependen únicamente de manos y dedos. Para poder tener una buena pinza para la escritura y otras tareas de precisión necesitamos que nuestra mano-muñeca tengan una buena extensión y que una parte de la mano mantenga se mantenga estable para disociar los dedos. También necesitamos que los músculos de todo el miembro superior estén bien coordinados, estabilidad de la musculatura del hombro y que haya una buena base postural en todo el tronco.
Si esta base previa no está bien establecida, supondrá un mayor esfuerzo y dificultad realizar aquellas tareas manipulativas y de motricidad fina. Esto puede generar evitación, rechazo, dependencia y/o sentimiento de fracaso o pobre autoconcepto.